A Chenoa le pone prohibir Internet

Estupefacto y perplejo me quedé el pasado domingo leyendo XLSemanal cuando en la última página, en la sección de "Desayuno de domingo con...", Chenoa soltaba la estupidez del año, y posiblemente del siglo:
XL. ¿Qué cosa legal prohibiría?

CH. Muchas. Empezando por Internet. Da demasiado libertinaje. Sobre todo por el menor. Hay demasiada información ahí que conviene controlar.

Pues eso, esta chica sabelotodo, icono musical del siglo XXI por su talento compositor tanto en letras como en música, su voz y otras dotes... prohibiría Internet, ni más, ni menos. Yo, que pienso que la mejor prohibición es no prohibir, no concibo en pleno año 2005 un mundo sin Internet por toda la revolución que hasta la fecha está suponiendo tanto en el mundo de la comunicación como en otros campos comerciales, educativos, tecnológicos... Prohibir Internet sería como prohibir la revolución industrial del siglo XIX, la máquina de vapor, la bombilla, el teléfono... avances que en su época levantaron suspicacias entre los de siempre e incluso entre los obreros que veían peligrar sus puestos de trabajo, y sin embargo, a la larga, sus beneficios han hecho posible que la humanidad goce de unas ventajas inconcebibles para nuestros ancestros y que están presentes en cualquier faceta de nuestra vida.

Chenoa, posiblemente adoctrinada por la $GAE, a tomado la parte por el todo y ante el problema de la piratería ha deducido que la mejor manera de erradicarla es prohibiendo Internet sin valorar las consecuencias que ello tendría en nuestra sociedad. Me gustaría que me explicara esta chica cómo viviría sin Internet, cómo pagaría con su VISA o cómo reservaría un avión, sin entrar en otros detalles porque creo que a esta chica no le va ni le importa que la investigación y el conocimiento del siglo XXI se comunique a través de Internet, o que la economía actual conciba a Internet como la innovación más importante del siglo. Lo curioso de todo, es que al final esta gente ni siquiera tiene criterio, no son capaces de reflexionar sus palabras y acaban cayendo en contradicciones como la que demuestra David Bravo.