Vacaciones en Punta Umbría

Este año, después de varios intentos fallidos, hemos conseguido materializar nuestra deseada escapada a las fantásticas playas de Huelva. Hace cuatro años que mi mujer, oriunda de la zona, me descubrió esta parte de Andalucía occidental tras una estancia de cuatro días en Islantilla. Fue entonces cuando me quedé fascinado de sus blancas playas de arena, la abrupta naturaleza y la exquisita gastronomía oceánica. Había ganas de volver y esta vez tocó Punta Umbría, lugar de veraneo de mi mujer en su niñez.

Hotel Punta Umbría Beach Resort Elegimos el Hotel Punta Umbría Beach Resort para pasar una semana por la excelente ubicación y su especial orientación familiar. La oferta escogida prometía que los niños no pagaban, y así fue. De hecho, y a la vista de la gran cantidad de familias con niños que había, no fuimos los únicos en descubrirlo. A decir verdad, el hotel está más que pensado para las familias con peques y, por qué no, no tan peques, que para otro tipo de turistas. Desde las piscinas, a las zonas comunes y actividades, todo siempre está pensando para que los más niños puedan participar y pasárselo en grande. Nada nuevo de otros complejos hoteleros si no fuera porque éste se encuentra en un entorno natural incomparable que nada tiene que envidiar a las playas del Caribe. Con respecto al resto de servicios, todo perfecto. La atención, muy correcta. El bufé, variado, con días acertados y otros no tanto. Si se tiene buen ojo culinario, se puede comer muy bien. Eso sí, hay que saber elegir. Por cierto, las hamacas de la piscina son un bien de lujo.

Patricia y Alejandra Por lo demás, salvo el completo gimnasio que buen uso hizo Patricia de él, no puedo decir más porque la mayor parte del día nos la pasábamos en la playa, bien tumbados, bien haciendo castillos, y como no, en el agua. Uno que hasta la fecha se ha tirado gran parte de sus veraneos en las playas de Granada, se queda fascinado de disfrutar de un litoral rodeado de enebros, pinares, dunas y kilómetros de arena y agua limpia. De hecho, las banderas azules con un gran sol salpicado por un par de olas, abundan por este litoral en cualquier zona de baño. Su gran amplitud y la aún escasa masificación, permiten disfrutar de la playa con gran intimidad, sin el agobio de la primera línea, y sin las sombrillas eternas sin bañistas.

Unidos en el atardecer El resto del rato que no estábamos a remojo, lo dedicábamos a quitarnos la sal en la piscina del hotel, jugar con la peque en los columpios y sobre todo, pasear. Durante el día por los pasillos y avenidas del complejo hotelero y por la tarde por donde nos llevara los pies. Los paseos más curiosos eran los del mediodía, cuando íbamos de un lado del hotel, donde se encontraba nuestra habitación, a unos de los salones donde servía el bufé. En el trayecto, además de cruzarte con caras de personas que nunca has visto y a los que inexplicablemente le asocias un parecido a alguien cercano a ti, podías observar el trasiego diario de los veraneantes, en la piscina, en los balcones en incluso, si se dejaban la puerta abierta, en sus habitaciones. Habría para escribir largo y tendido de cada uno.

En resumen, una escapada magnífica para recordar y volver a repetirla pronto.