Sobre Mí

...o lo que es lo mismo, el colmo de la arrogancia

Describirse a uno mismo sin saber lo que uno puede llegar a ser en cada preciso momento es una tarea más que complicada, sobre todo si estamos ante una persona, que como yo, va donde sopla el viento, siempre y cuando haya una razón que con fuerza empuje la veleta.

Aún así, y dejándome llevar por mis repetitivos hábitos, es más que seguro que durante los días que quedan por venir siga dedicando mi tiempo libre a lo que más me interesa, mi familia y mis entretenimientos. Éste es uno de ellos, escribir para que algún despistado fisgón que entró por error donde no tenía que entrar, lea entre líneas las paridas de una mente que suelta lo que piensa conforme le viene del mismísimo y traicionero subconsciente. Así que si a lo largo de este artículo, o de todos los que escribo en mi patíbulo personal, lees alguna que otra barbaridad, no fue por mi culpa, sino por ese incontrolable impulso de contar lo que no debería pensar.

Verse traicionado por tus impulsos expresivos no es nada gratificante porque al final, sin quererlo ni pretenderlo, acabas irremediablemente metiendo la pata. Por ello, de vez en cuando, cierro mi boca, bloqueo mi mente y cojo mi cámara de fotos y me lío a disparar a todo aquello que por un instante me llama la atención. La fotografía es otra de mis gran pasiones, no sé si en cierta medida por haberlo vivido desde la infancia a través de la Jashica de mi padre, o quizás porque es una afición con la que difícilmente puedes llegar a meter la pata y generar antipatía. De una u otra manera, éste es uno de esos hábitos que hasta la fecha, y espero que por muchos años, se ha venido repitiendo con mucha frecuencia.

Luego están los que vienen y se van, como mi apasionada dedicación a la numismática allá por los años noventa, de la cual conservo un buen puñado de pesetas en monedas y billetes que algún día malvenderán o se repartirán mis herederos. Ahí está, costó mucho dinero y sacrificio hasta que entendí que era económicamente inviable porque nunca lo vendería. Otra que vino, se fue, y espero que venga, era mi bicicleta. La pobre sigue esperando en aquella oscura cochera donde hace muchos años la dejé, no porque me haya vuelto un holgazán, sino porque la vida social, laboral y familiar no son compatibles con algunas de mis aficiones, así que lo escasos huecos que me permite la agenda debo administrarlos sacrificando lo que menos me interesa por lo que más me llena, o en todo caso, compartiéndolo como puede ser escuchar música y viajar en coche, salir y jugar con mi nena, leer un periódico o un libro y estar con mi mujer, salir a correr, y ante todo, ser feliz...

Aparte de mi dedicaciones sabáticas y familiares, mi vida profesional está muy estrechamente ligada a mi última gran afición, la informática. De hecho, a veces pienso que mi vida transcurre entre una pantalla y un teclado. De lunes a viernes, y en un horario que no ayuda mucho a disfrutar de la vida, me gano el jornal como Webmaster en ideal.es, contribuyendo  al crecimiento y expansión de este mundo paralelo y cibernético que absorbe gran parte de nuestras vidas.

Pues nada, creo que ya he dicho más de lo que tendría que decir, así que si has conseguido llegar hasta aquí no creo que se deba sólo a ese instinto por fisgonear en la vida de los demás; lo mismo, hasta sé escribir y con ello matar este rato que no te ofrecía otra cosa mejor que leer este artículo. Un saludo.