Las vacaciones perjudican seriamente la salud

Septiembre se está convirtiendo definitivamente en el peor mes del año para todos aquellos que han terminado sus vacaciones en agosto. Al suplicio que supone volver a la rutina diaria, queda añadir una extensa lista de calamidades que convierten en un acto heroico llegar indemne al mes de octubre.

Así, a los problemas propios del mes como la vuelta del cole a golpe de tarjeta, la invasión de in-coleccionables o el regreso de los políticos al ruedo ibérico, cabe añadir los derivados de un largo periodo estival en el que se ha cometido excesos de todo tipo como dormir, comer, relajarse, divertirse y, cómo no, tener una grata vida social nocturna, que al final, parece ser, estamos destinados a pagar con estrés postvacacional y la ruptura con nuestra pareja.

Con este desalentador panorama que durante estos días dan sobrada cuenta la prensa y tele, va a resultar al final que quedarse en casa sea la opción más sensata. O al menos, esa es la sensación que da tanto mal rollo con al vuelta al curro. No quisiera pensar mal, pero como los medios de comunicación sigan llenando el vacío informativo de primeros de septiembre con historias de este tipo, al final los empresarios acabarán por sacar tajada suprimiendo las vacaciones para que el pringao de turno no se traumatice con tanto descanso, y el que no esté de acuerdo, que se las tome... pero indefinidas. ¡Toma ahí estrés!!!

Las vacaciones son tan necesarias como la vuelta a la actividad, lo que no es necesario es tanta precariedad, tanta competitividad, tanta maximización de beneficios y tan poca compensación afectiva, económica y social. Estos, y no la vuelta al curro, son los problemas del día a día que acaban con los amigos, pareja, familia y todo lo que pille por delante.
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