2043, la odisea de la prensa escrita

Este fin de semana la prensa tradicional, la de papel y tinta, ha vivido el primer gran desafío de su futuro como medio de comunicación, tras el reto lanzado por el profesor de la Universidad de Carolina del Norte, Phillip Meyer, que vaticina su total desaparición para el año 2043, motivado principalmente, como cabría esperar, por el desarrollo de la comunicación digital.

El epicentro de este reto se ha sentido con especial intensidad en Estados Unidos a raíz de la publicación del artículo "More media, less news" en The Economist, en el que realiza un análisis pesimista del futuro de la prensa basado en el estudio del profesor Meyer titulado "The Vanishing Newspaper". No es pura casualidad que todo esto ocurra allí, justo donde el periodismo ha alcanzado su mayor grado de profesionalidad y desarrollo, sino fuera precisamente por ello, por el elevado desarrollo que ha dejado al descubierto los evidentes signos que parecen anunciar el inicio sin retorno del declive, tal y como explica el profesor, con ejemplos reales de empresas editoriales que empiezan a cerrar sus cabeceras por la baja rentabilidad, o casos más sonados como el ocurrido este año como la devaluación del valor de las acciones a la mitad, nada más y nada menos que del New York Times, tras la severa intervención del Morgan Stanley. Los hábitos de lectura de los jóvenes, prefieren la pantalla al papel; la huida de la publicidad, motor financiero, del papel a los medios digitales; el descenso de contratación de periodistas para la prensa tradicional, hasta un 18%; la falta de profundidad y calidad en los artículos por la escasez financiera, son otros factores que evidencia el fin y que tarde o temprano se extenderá como la pólvora al resto del mundo.

Como he dicho al principio, puede que estemos ante el fin del papel, pero no de la prensa, siempre y cuando sepa adaptarse a los retos de la digitalización (tanto editorial como comercial) para continuar obstentando el privilegio de dominar las fuentes de información, la creación de contenidos y el procesamiento refinado de la sobreinformación en Internet. Pues ahí queda el reto, ¡casi ná!.