La autoestima viste más que la belleza

Superar los complejos te ayudará a que la gente te quiera y te respete. :: PEXELS

Lo malo de los probadores de las modernas cadenas de ropa que se encuentran en los centros comerciales, es que al ser unisex, hay que andarse con cuidado de no alzar mucho la voz, si no quieres que el vecino se entere de todo lo que comentas. Es más, casi que es mejor estar callado, porque entre el delgado panel de separación y la ausencia de hilo musical, evitar que te escuchen respirar es imposible. No entro en otros temas ambientales, porque no es el caso.


En uno de ellos me encontraba cuando de repente, en el probador contiguo, dos chicas entraron y comenzaron a radiar todo lo que se probaban. Por su voz juvenil, dudé si tendrían más de veinticinco años, pero al escuchar sus conversaciones, inmediatamente me di cuenta de que debía ser así:

- ¡Tía! ¿Qué hago con mis piernas? Son horrorosas. Mira que mal me queda este vestido.

- Con unos buenos tacones lo tienes solucionado - Replicó su amiga.

- ¡Puff! Estoy condenada a sufri los tacones, con lo bien que queda este vestido con unas zapatillas.

- No te quejes que ya quisiera yo tener tus tetas. Mira las mías, pocas y caídas. Y en eso es lo primero que se fijan los tíos.

- Con el sujetador no se nota nada - respondió ella con la intención de restar importancia.

- Sí, ya; que te crees que no me doy cuenta como se les van los ojos ahí - dijo la amiga.

- ¡Oye! ¡Esa blusa te queda genial! - Interrumpió ella con intención de zanjar la polémica del pecho.

- ¡Sí! Pero sería perfecta si no tuviera esta cara tan pálida. Parezco una vampira - Sentenció su amiga, no satisfecha con terminar la conversación sobre quién de las dos es la peor.

Así siguieron sin saber que al otro lado me hallaba escuchando cómo se torturaban psicológicamente. Las prendas que se ponían eran de su agrado, pero sus cuerpos no parecían acompañar. Me parecía injusto que fueran tan exigentes consigo mismas. Así que no pude evitarlo, y sin alzar mucho la voz, intervine en la conversación:

- ¡Hay que quererse más! La autoestima viste más que la belleza.

Entre ellas se hizo un incómodo silencio. No sé si por el rubor sentirse descubiertas en su intimidad, o por la reflexión que mis palabras les pudo suscitar. El caso es que justo cuando me disponía a salir, el silencio se rompió. Una de ellas dijo -Gracias- y siguieron con lo suyo. No hubo tiempo para más. Ni tan siquiera quise saciar mi curiosidad por verlas. Era mejor así.

Los cánones de belleza de hoy en día son muy exigentes porque se basan en excepciones que no se corresponden con la realidad. Todo ello produce una terrible frustración en muchas personas que se ven diferentes a lo que las modas dictan. Pretender estar a la altura de las top-models es como si todos quisiéramos correr los cien metros en el mismo tiempo que Usain Bolt. No es posible. Una cosa es seguir la tendencia en cuanto al estilo, y otra muy diferente, es confundir moda con belleza física.

No hay mejor belleza que una sólida personalidad fundamentada en la autoestima. Quien se quiere y se respeta a sí mismo, puede afrontar la vida con iniciativa, confianza y optimismo. Pilares fundamentales que allanan el camino de la felicidad. De hecho, el mundo está lleno de grandes personalidades cuya principal virtud no es la de tener un hermoso cuerpo, sino un gran talento. Ello se consigue cuando se rompen las barreras de nuestras limitaciones y se cultivan aquellas facetas en la uno destaca. Puede ser algo tan simple como la misma simpatía.

Ya es sabido que la belleza es efímera, a diferencia de la personalidad, que se engrandece con el paso del tiempo. Precisamente por ello las personas más bellas no son las más felices. Todo lo contrario, habituados a la complacencia con la que la sociedad los trata, se malacostumbran a conseguir las cosas con poco esfuerzo, y ello les hace un flaco favor mientras la belleza le dura. Razón principal por la que son más vulnerables al paso del tiempo, las tendencias y, sobre todo, la competencia. Su imagen lo es todo y el devenir de la vida les obliga a tener un elevado nivel de exigencia física que acaba en frustración, y lo que es peor, en una profunda depresión. Sonados son los casos de famosos de la farándula que no soportan salir de la órbita del éxito y el espectáculo.

En resumen, si alguna vez te has visto en la situación de las chicas del probador, háztelo pensar. Tu físico no lo es todo y seguramente que valgas mucho más de lo que te piensas. Preocúpate por quererte mucho, porque si tú no lo haces, nadie lo hará. Recuerda, la belleza se lleva dentro.