Demonizando una vez más Internet desde la televisión

Internet y sus contenidos más escabrosos se están convirtiendo en el argumento comodín de muchos medios audiovisuales, más concretamente televisión, que parecen tenérsela jurada a ese medio que no hace más que arrebatarle la audiencia joven que el día de mañana debería darles de comer. Ya no importa el tema que se trate, sexo, música, phishing y casinos son los más recurrentes, y mucho menos entro a valorar el enfoque intencionado y totalmente adverso al medio, porque al final, hable de lo que se hable, siempre hay un locutor, un moderador y cuatro tertulianos del pleistoceno que acaban llevándose las manos a la cabeza para sembrar la discordia y la confusión entre los telespectadores.

Ayer, a las tantas y monas, Antena 3 nos deleitó con un debate sobre el cibersexo que empezó mal y acabó peor. Para empezar y teniendo en cuenta el formato elegido para tratar el asunto, el reportaje de introducción se posicionó claramente a un lado de la mesa en el que se encontraba un filósofo, un psiquiatra y un ama de casa que parecían haber perdido ayer toda su inocencia. Al otro lado, una pareja liberal, un empresario, una actriz porno y un personaje curioso que organizaba bacanales a través del Messenger. En el centro, la moderadora, totalmente fuera de juego por la ignorancia que demostraba una y otra vez sobre diversos puntos del debate; y al fondo un público que parecía haber venido del mismísimo Vaticano. Con un campo de batalla así era más que inevitable que el gran perdedor fuera el cibersexo, pero ¡qué va!, no sólamente calló éste sino que además fueron a por Internet, y si les dejan, hasta por la mismísima Telefónica.

El caso es que uno nunca parece estar curado de asombro después de haber visto hasta la saciedad en la televisión como Internet es una caja de Pandora, comprimida eso sí, donde sólo hay delitos, perversiones, estafas y uno tipejos raros que con la piratería se van a cargar la cultura... Ayer, en un debate donde se debía hablar del negocio del cibersexo, todo esto se superó al mezclar churras con merinas, y meter en el asunto del tema ni más ni menos que la pedofilia, zoofilia y otras perversiones propias de un desviado mental, que tanto en el mundo real como en el ciberespacio, son repulsivas y están severamente penalizadas por la ley. Una y otra vez se repetían las mismas imágenes y claro, el público se horrorizó y los tertulianos, crecidos por el apoyo del quórum se lanzaron a soltar barbaridades como que habría que cerrar Internet, ni más ni menos; aparte de lanzar serias acusaciones hacía el otro lado de la mesa que se deberían hacer en un juzgado.

Ni que decir tiene que las armas utilizadas para ganar el debate fueron injustas por tomar una parte por el todo, y lo que es aún peor, una parte que en absoluto es representativa de la inmensa comunidad cibernauta, unos 800 millones en todo el mundo. Defender como se defendió ayer el tema fue como si en vez de debatir el cibersexo se hubiera debatido la democracia y se hubiera sacado como ejemplos de la misma a Julián Muñoz y su secuaces del Ayuntamiento de Marbella. No me gusta nada la sugestión ni la continua provocación que se permite la televisión con Internet, un ciberespacio que extrapola lo bueno y malo de la vida real, y que como en ella, existe una ley, aunque algunos no se quieran enterar, una policía que vela por los intereses legítimos de sus usuarios, y una democracia que permite señalar con nombres y apellidos al infractor. Otra cosa muy distinta es que el gobierno destine medios, o que los padres sepan donde se mueven y como educar y enseñar este medio a sus hijos, pero eso, es otro asunto que no es exclusivo de Internet.