Hoy he conocido la eternidad

No, no eran dos abuelos hablando de sus batallitas en la puerta de un ascensor; era una gestión administrativa que me ha llevado toda la mañana, desde las 9 hasta las 13.30 horas, para tramitar dos documentos cuya resolución le ha llevado al funcionario menos de seis minutos. Y no, no voy a cargar las tintas sobre el operario, porque él, como sus compañeros, aunque haya algunos que la sangre no le corra por las venas (son los menos), han hecho todo lo posible y con la mayor diligencia, para poder dar salida a mis papeles y al del resto de ciudadanos sin que nadie pierda los nervios.

Es muy habitual tratar a los funcionarios con desprecio sobre todo en cuanto a su dedicación, pero hoy, puedo decir que si yo hubiera estado detrás de la ventanilla en la que me tocó tramitar mis papeles, estoy seguro que hubiera tirado la toalla. Hay que tener mucha templanza y grandes dosis de serenidad para gestionar con éxito los interminables problemas de la ciudadanía, y además, hacerlo a sabiendas de que el sistema no funciona eficientemente por falta de medios. Y ello no es por culpa de ellos, sino de unos políticos burocratizados que calientan el sillón de su despacho sin tener ni las más remota idea de las necesidades de su departamento, y mucho menos, de las necesidades de la ciudadanía, que en la mayoría de los casos, les sobran las horas para gestionar un papel que se puede hacer en menos de cinco minutos. Así que sí, hoy he conocido la eternidad.