El Día de la Cruz, Salomón y Aristóteles

El alcalde de Granada será recordado algún día de estos por ser el primer edil en instaurar la Ley Seca en pleno siglo XXI. El objetivo, acabar con el macrobotellón en el que se había convertido la celebración del Día de la Cruz. Sin embargo, parece que su solución salomónica no tuvo en cuenta al resto de granadinos que de forma educada han celebrado este día por todo lo alto. Lo que años atrás era una de las fiestas más señeras de la ciudad, se jodió con el botellón, y se acabó de rematar con el decretón.

Y es que la tradición no es solo liturgia, y más en estas tierras del Sur donde lo religioso siempre ha estado unido a lo pagano. Se ha puesto coto a un problema, pero se ha creado otro que vuelve a afectar a una gran mayoría de granadinos y que puede pasar factura turística en años venideros si se pierde el carácter lúdico de esta fiesta. Eso sí, de momento, los hosteleros se frotaban ayer las manos y preparaban un buen maletín para recaudar la mayor caja del año. Agosto en un día de mayo. Que no se lo crean. Esto ha sido el espejismo de un engaño. En la próxima cita, la gran caja les va a tocar a los hosteleros de la Costa. Allí, si te aburres, por lo menos tienes sol y playa.

A estas alturas, el alcalde estará convencido de que con su tajante medida también habrá recuadado un buen puñado de votos de los hosteleros y sufridos vecinos que padecían el botellón. Lo que no sé, es si en su día fue consciente del alcance de su medida. Puede ser que la ganancia de un lado no compense la gran cantidad de votos que va a perder de cuantos nos quedamos en la calle como bobos, esperando inútilmente a que la cotización de la barra del bar o la mesa de la terraza -daba igual que tuviera sillas o no-, callera en picado. Quitar las barras de las cruces no ha sido una buena idea. Entre muchas razones, porque no hay bares en el centro como para calmar la sed de todos los granadinos que salieron a la calle con ganas de pasar un buen rato y tapear.

Como la virtud aristotélica no parece estar presente en la toma de decisiones de nuestro corregidor, puestos a ser más salomónicos que el propio Salomón, se podría haber suprimido el baile y las cruces, y dejar sólo la ceremonia religiosa. Esto sí es volver a los orígenes como Dios manda. De hecho, ahora que está a la vuelta de la esquina el Corpus, quizás sea el momento de plantearse también si en las casetas debe o no, haber barra, o ¡qué demonios! ni casetas, ni ferial, ni ninguna manifestación festiva pagana. Nos cargamos también el Corpus y el que quiera divertirse que se vaya a Port Aventura o Disney Land. Amén.

Lo dicho, que no se puede matar moscas a cañonazos.