Trastos y tractores


Resulta curioso que cuanto más cara es la gasolina, cuanto mayor conciencia hay sobre la contaminación y su repercusión en el calentamiento global; cuantos más kilómetros de autopistas y autovías hay en España, cuanto más difícil resulta moverse y aparcar en las grandes ciudades; cuanto más se invierte en seguridad activa y pasiva de los conductores, al final, y en contra de toda lógica, más todoterrenos de lujo se venden.

Desde que a principios de los sesenta los españoles se motorizaran, han pasado muchas modas que han condicionado las decisiones de compra de los vehículos: Utilidad (Seiscientos); Distinción (Mercedes 300), Potencia (Caja de Muertos R5 Copa Turbo); Seguridad (Volvo); Economía (Volswagen TDi, FSi), Ecología (Toyota Prius) y Exclusividad (Hammer). Todas, en su tiempo, han obedecido a cierta lógica salvo la última, que obedece más al tamaño que al concepto.

Y así es, a un extraño sector de compradores pudientes, parece importarle más el tamaño que las prestaciones que realmente van a obtener de estos vehículos. En principio, estos coches obedecen a un filosofía rural que poco o nada tiene que ver con el uso que luego se les da en los circuitos urbanos. Pero aún peor, ni siquiera en su entorno natural son capaces de desenvolverse con agilidad. Comparar a estos vehículos con cualquier turismo sería cruel porque en todo, salvo en ponerse de barro hasta el techo, saldrían perdiendo. No son seguros, económicos, ecológicos, eficientes y por su puesto, útiles. ¿Espaciosos? Sí, a 15.000 euros el metro cuadrado. En definitiva, un auténtico capricho de despilfarro que a más de uno se le acabará atragantando tarde o temprano.

Ver a estas moles de cerca de 3 toneladas por el centro de las ciudades, debería producir la misma sensación que ver a un tractor pasando el arado por el asfalto. La única diferencia entre ambos, es que mientras que el primero sirve para producir contaminación, el segundo sirve para generar riqueza. En lo demás el tractor seguiría siendo la mejor opción de compra teniendo en cuenta que:

- En circuitos urbanos con velocidades medias de 40 km/h, ambos llegan a consumir lo mismo: unos 20 litros cada 100 km, suponiendo que el tractor esté arando el asfalto.
- Vienen a pesar lo mismo, entre 3 y 5 toneladas, sin tener en cuenta que el tractor tiene mayor potencia de arrastre.
- Montones de caballos, 200, 300, ¿alguien dijo 500?, también. Uno lo utiliza para intentar inútilmente despegar, el otro lo utiliza como fuerza de arrastre.

En fin, caballo grande, ande o no ande.