La crisis de la inmoralidad

Más de 800.00 refugiados y 1,5 millones de desplazados en Somalia esperan la llegada de ayuda humanitaria.REUTERS

Decía recientemente Iñaki Gabilondo que el poderoso don dinero era ahora más caballero y señor que nunca, y razón no le faltaba. Últimamente da la sensación de que todo lo controla el dinero sin caer en la cuenta de que éste no entiende nada de sentimientos y personas. Obsesionados estos últimos meses con nuestros problemas económicos, no nos hemos dignado a alzar la vista por encima de nuestra azotea para obviar lo que ocurre en el patio vecino. Y lo que ahí ocurre no nos gusta, tanto que tratamos de mirar para otro lado porque es mejor ignorar que dejarse abatir por un tremendo sentimiento de bochorno y vergüenza.

Hace un rato, mientras media España desinhibía en un partido de fútbol sus problemas del paro, bolsa, hipotecas, primas de riesgo y demás historias para no dormir del “mercado perfecto”,  un documental en el canal 24 horas, alertaba de la inminente muerte de 750.000 somalíes por hambruna. Lo peor del problema no es el hecho en sí, tremendo y terrible; sino que, y aquí viene la inmoralidad, esto se podría haber evitado si en enero los gobiernos de todo el mundo hubieran escuchado a todas las organizaciones no gubernamentales que avisaron de ello. ¿Qué no hay dinero? Me río.

Cuando he terminado de ver el documental he reflexionado sobre la crueldad de la humanidad. De cómo todavía puede haber gente que siga afirmando que nuestro sistema es el “menos imperfecto” y que la “inteligencia del mercado”  resolverá todo, sin darse cuenta de que el mercado en sí no entiende de la infinita codicia, del miedo y, sobre todo, de las injustas desigualdades.

Las ONG que han salido en el documental, suplican ayuda urgente y también, difusión: que el mundo sepa lo que realmente está ocurriendo en el patio del cuerno de África. No mires para otro lado y actúa.