Saber decir adiós



Entre “¿Podemos hablar?” y “Tenemos que hablar” hay un mundo que separa el inicio y fin de todo. Un simple matiz de entonación es suficiente para pasar de un momento mágico a una pesadilla. Así empiezan y acaban todas las relaciones. Nadie encontrará inconvenientes para iniciar una aventura cuando surge la chispa. Sin embargo, cuando ésta se apaga, son pocos lo que saben afrontar este delicado momento de forma correcta. Si ya resulta fastidiado tener que superar una ruptura cuando dos personas no se entienden, más indignante es sufrir el desprecio de una de ellas por no tener ningún tacto a la hora de finiquitar una relación. En las rupturas nadie gana y si se sabe apartar la rabia del delicado momento, se evitará perder todo cuanto se tuvo, como la amistad. Al fin y al cabo cada uno ha tratado de dar lo mejor de sí, y ello, salvo casos excepcionales, se merece la oportunidad de evitar pasar de la pasión a la indiferencia.

Cuando se llega a un punto en el que no se da más alternativa que la de decir adiós, el hacerlo de forma adecuada no siempre depende de quien toma la decisión, sino también de quien es víctima de ella. No entramos en evaluar las razones y los hechos que pueden llevar a esta situación. Evidentemente hay circunstancias que no deberían dar cabida a ningún tipo de continuidad afectiva, como en casos de malos tratos físicos y psíquicos, infidelidades reiteradas u otros tratos denigrantes. Exceptuando esas situaciones extremas, por norma general, la gente termina con su pareja por desamor o por incompatibilidad de caracteres, situaciones proclives para tratar de salvar los muebles y quedarse con lo mejor de cada uno. Armarse de tacto y comprensión será clave para conseguirlo. Por supuesto, el tiempo siempre jugará una carta a nuestro favor para limar las asperezas que surgirán.

Aún así, son muchos los que opinan que tratar de quedar bien con tu ex sería como tener el síndrome de Estocolmo y pretender estar de buen rollo con tu secuestrador. No es el caso y lo que sí hay que tener claro es que en nuestra sociedad cada vez se le da más importancia a las formas y a la huella que cada uno deja a su paso. De entrada, quedar mal con alguien no es socialmente recomendable para ninguna faceta de nuestra vida. De la misma manera que una persona deja un empleo y se despide cordialmente de sus jefes, les caiga mejor o peor, cuando se produce una ruptura amorosa hay que tener el mismo decoro e ir siempre de cara con la verdad. El hecho, cargado de grandes dosis de emociones encontradas, en sí es doloroso y de nosotros dependerá que sea o no humillante. La vida da muchas vueltas y en el futuro esa persona a la que apartamos de nuestra vida sentimental, puede suponer un puerta abierta o cerrada para cualquier aspiración nuestra. El dicho de tener amigos hasta en el infierno cobra aquí, si cabe, más significado que nunca.

De cómo hacerlo y qué momento elegir, poco se puede decir salvo dos buenos consejos: ve siempre con la verdad, todo el mundo se la merece por dolorosa que sea; y ten mucha delicadeza a pesar de que la situación invite a todo lo contrario. Si eres quien recibe la mala noticia, ármate de comprensión y deja pasar el tiempo. Lo valiente no quita lo cortés y tal vez algún día tengas razones de alegrarte de conservar una amistad que te pueda abrir muchas puertas.


¿Y tú, aceptarías la amistad de tu ex?