Las parejas aman y discuten

'A mis amigos 3' de Fabricio Contreras
El roce trae el cariño, el cariño el amor, y con el tiempo, llegan las discusiones. No surgen porque ya no queda amor, todo lo contrario, se llegan a ellas porque, precisamente, la persona que amamos nos importa de verdad. Una vez agotada la diplomacia, no queda alternativa más efectiva que reclamar su atención con una subida de tono para recriminar conductas que no gustan. Parece obvio pero no por ello una tontería. Todas las parejas discuten. Sí. La que diga que no, o miente o no es pareja.

Llevar una relación implica superar muchos retos, en unos casos, acarreados por nuestras experiencias pasadas, y en otros, por los problemas que surgen en el devenir de una relación y su vida social y familiar. Todas las parejas tienen problemas, personales, sociales y emocionales, y más si se arrastran responsabilidades de otras parejas pasadas. Una premisa que hay que tener bien presente a la hora de empezar cualquier relación. Ninguna, por pocos condicionantes que se tengan de partida, será un camino de rosas. De cómo afrontemos cada adversidad dependerá el éxito o no de la pareja. Tratar de esquivar los malos ratos y pretender del otro solo momentos agradables, es condenar a tu pareja a la ignorancia y con ella a la ruptura.

Poner fin a una relación ante el más mínimo problema es un error muy frecuente a ciertas edades que, en general, se paga con la inestabilidad emocional. La incapacidad a la hora de encarar las diferencias que tarde o temprano surgen en una relación, solo conduce a un continuo desfile de personas que en ningún caso encajarán con nuestra forma de entender una relación. Una persona que se jacta de tener más de tres o cuatro relaciones al año es firme candidato a tener un serio problema de convivencia, que en nada es envidiable, puesto que estará condenado a seguir así durante el resto de su vida. Serán muchas las ocasiones desaprovechadas, y posiblemente, experiencias superficiales que no le permitirá disfrutar plenamente de una relación. Siempre existe un tiesto para una maceta, pero a veces, no es fácil encontrarlo, y menos cuando ya se han utilizados muchos.

Las convivencia no solo se enriquece con buenos momentos, sino que se hace fuerte con los malos. Discutir forma parte del desarrollo de la relación, siempre y cuando no se llegue al menosprecio, humillación y violencia. Cuando se trata de buscar una solución a un problema las diferencias surgen y son necesarias para que se llegue a un acuerdo satisfactorio entre ambos. La pasional reconciliación será el premio de esa reñida negociación. Como bien indica el proverbio, nos enamoramos de nuestras virtudes y amamos cuando aceptamos los defectos del otro.

Todas las relaciones se merecen nuevas oportunidades. Las discusiones no son el fin de ellas, sino el medio de hacerlas más fuertes. Paciencia, empatía, compresión, cariño... son los ingredientes fundamentales para superar las dificultades en la pareja.