Ya tengo mi DNI electrónico

Esta mañana, y tras tres horas y media de espera he conseguido el nuevo DNI electrónico con el que podré operar con las máximas garantías a través de Internet cada vez que desee realizar las temidas gestiones administrativas. Eso sí, para poder acabar de una vez con las colas es necesario tener una conexión a Internet, un lector de tarjetas y la instalación de un programa suministrado por el Ministerio. Todo se andará.

Espero que a partir de ahora sea la última vez que tenga que conocer la eternidad para realizar un trámite burocrático, porque lo de hoy, a pesar de la buena voluntad de los funcionarios públicos, es simplemente desesperante. Es la primera vez que compruebo desde hace mucho tiempo, allá por los 386, como una máquina que se supone que está para agilizar las tareas, hace todo lo contrario. La gestión de recepción de datos es rápida y sencilla, sin embargo, el procesamiento de los mismos e impresión del documento tarda la friolera de quince minutos. Multipliquen ese dato por 70 números dispensados de media por sesión y dividan entre seis mesas... Mejor que no hagan planes esa mañana o esa tarde.

Durante todo el rato que he estado esperando me ha dado tiempo a pensar y sobre todo, a observar a toda la gente que estaba allí. Lo primero que he apreciado es que las personas cuando ven tanta cola pierden los nervios, se vuelven irascibles y a la más mínima saltan con el que menos culpa tiene para criticar todo el sistema. También he visto como todavía hay gente que tiene la cara dura de saltarse las mínimas normas de civismo intentando colarse por la cara. Son los jetas, y en esta ocasión, gracias a los agentes que custodiaban la cola, no han conseguido su objetivo. Menos mal que era una comisaría, en otro lugar no creo que hubiéramos tenido tanta suerte. El caso, y esto es lo más indignante, es que nadie les recriminó su actitud, y eso que el ambiente estaba caldeado.

Otra cosa que me llamó la atención una vez dentro de la sala de espera, fue el socorrido uso del teléfono móvil, que después de la prensa gratuita, es el gran pasatiempos de nuestra era. Niños, jóvenes y mayores, estaban ahí enganchados a los más adictivos juegos del java. Entre tanta melodía polifónica, por un momento llegué a pensar que la sala, más que una comisaría parecía un salón recreativo. En fin, una mañana larga pero entretenida.

Un consejo, madrugar y no olvidéis cargar la batería del móvil si tenéis que renovar el DNI o sacaros el Pasaporte.