Esta postal no te la enseñarán


Acostumbrados a contemplar las maravillosas imágenes de nuestras playas andaluzas resulta chocante que alguien acuda al reclamo y se encuentre con este panorama. La primera sensación que me invadió al ver esta imagen fue, cuanto menos, de vergüenza ajena y de impotencia. Uno, que ha estado de botellón en más de una ocasión, no entiende cómo es posible que todavía haya gente que no sea consciente del terrible daño que se le hace a la naturaleza y a la sociedad con actitudes como éstas. No cuesta nada darse el gustazo de tomarse una copa junto a la orilla del mar y después, recoger todo. Pero claro, nuestra calle, y por extensión de lo público, nuestras playas, son el basurero colectivo donde arrojar no sólo los desechos de un botellón, sino también colillas, chicles, comida, excrementos caninos y en general, cualquier desecho que jamás tiraríamos en nuestra casa. Ya lo recogerá otro ¿verdad? ¿Y de reciclar ni hablamos?

La imagen está tomada a las nueve de la mañana en una playa de Salobreña cuyo ayuntamiento debería también haber previsto el comportamiento incívico de algunos de sus turistas, ya que para colmo de males, los que sí asumieron un comportamiento correcto no lo tuvieron nada fácil porque los pocos contenedores que había estaban saturados tras un intenso día de playa. Esta situación no es nueva, ni en esta localidad ni en otras, sino que se repite día tras día, y sobre todo, durante los fines de semana. Al final, entre unos y otros, la playa sin barrer y los bañistas esperando a que los operarios de la limpieza llegaran para dejar la zona de baño como los chorros del oro. España es diferente, ya lo creo.