Compra compulsiva, compra confusiva

Lo decía Manuel Luque hace muchos años en aquel famoso anuncio de Colón: "Busque, compare y si encuentras algo mejor, cómprelo". A la hora de practicar el deporte número uno del capitalismo que tan buenas sensaciones nos reporta, muchas veces nos olvidamos de la segunda premisa del lema: "comparar". Si lo tuviéramos en cuenta, seguramente las sensaciones de nuestras compras serían mayores, mejores y más económicas.

Por norma general e impulsados por el placer de la compra compulsiva, tendemos a rechazar la comparativa en base a una extraña lógica que nos lleva compensar cualquier hipotética diferencia del precio con el tiempo invertido en encontrarla y el incalculable valor del deseo saciado. Sin embargo ahí están las asociaciones de consumidores para recordarnos una y otra vez que estamos muy equivocados.

Ayer fui a comprar una cámara de fotos digital compacta y me tomé la molestia de visitar todos los grandes almacenes de Granada. Concretamente se trataba del modelo M1033 de Kodak cuyo abanico de precios osciló desde los 140 euros hasta los 210 euros. Sí, ¡Hasta 70 euros de diferencia por un mismo producto!! Increíble, pero cierto. Extrapolen esta diferencia a otros modelos de gama alta y ya verán como no es nada extraño alcanzar los tres dígitos, eso sí, siempre y cuando no se traten de productos estrella, que ahí sí parece que se controlan unos a otros. Y estos son objetivamente comparables. Qué no nos clavarán en los servicios.

Lo dicho, que no os confundan con la compra compulsiva. Comparar, comparar, comparar y luego, comprar.