¿Amor o sexo? ¿Pareja o follamigos?


'Love on the cards?' por Alan Cleaver
'Love on the cards?' por Alan Cleaver

Una vez me topé con una chica encantadora que me comentó que no debía buscar nada especial sino saltar de flor en flor y disfrutar de cada pétalo que se caía por nosotros hasta que se acabaran. “Lo de amar eternamente se quedó en la juventud y ahora que ya sabemos el sabor del desengaño, toca disfrutar del amor efímero, ése que surge y termina de la nada”, me decía. La vida tiene que llenarse de buenas experiencias y cuantas más, mucho mejor. Ella lo tenía claro, en parte porque ya llevaba cuatro años más que yo en esto de rehacer la vida, y la verdad, cada día que pasa, cada experiencia que se desvanece, me pregunto hasta qué punto no estaba en lo cierto. Tal vez sea cuestión de cambiar la ecuación y empezar por buscar sexo y esperar a que por un capricho del destino surja el amor.

Cada vez son más los que rehuyen de los compromisos de una pareja porque ya se arrastran otros de anteriores relaciones. Hijos, familia, amigos, trabajo, el desencanto del desamor o de tantas ilusiones que dejan un sabor amargo, hacen plantearse si realmente merece la pena luchar por algo que puedes tener en pequeñas dosis y sin renunciar a la ya difícil estabilidad emocional y personal que a esta alturas se atraviesa; o por el contrario, buscar la compañía y el cariño que te proporcione una relación duradera idónea para conseguir la felicidad. Ése es el dilema. ¿Follamigos o pareja? No hay más alternativas. Decantarse por una u otra dependerá del momento que se esté atravesando y de la forma de entender la vida. Ambas encierran sus ventajas e inconvenientes.

Si eres de los que sabes separar las emociones del sexo, no tendrás muchos problemas para tener rollos esporádicos o aventuras con follamigos que te darán lo que necesitas sin más. Cada uno con su vida hasta que vuelva o no a surgir el deseo. Encontrar el equilibrio perfecto entre sexo y sentimientos es algo que no está al alcance de todos. La carencia de un compromiso, la ausencia de exclusividad y la incertidumbre de cada cita, serán determinantes para que cualquier sentimental acabe presa de los celos y la tortura emocional. El roce hace el cariño y sin por medio hay buena sintonía en el sexo, el enganche estará más que garantizado por alguna de las dos partes. Será entonces cuando uno de los dos tratará de exigir más de lo que el otro desea dar y comenzarán los problemas. Se acabó el juego. O se va hacia una relación más comprometida o se rompe con todo. Lo normal suele ser una huida hacia delante en busca de otra aventura. Raros son los casos de follamigos que salen bien y que duren en el tiempo, pero no por ello puede ser una mala elección si se tiene bien claro ante lo que se está por ambas partes.

Si eres de los que no le van las emociones fuertes concentradas y busca una estabilidad sentimental más comprometida y duradera, cruza los dedos y lánzate a la aventura de encontrar a tu media naranja. De entrada lo vas a tener mucho más difícil que encontrar un simple rollo. Hay que contar con que no todo el mundo tiene ese concepto de relación a los cuarenta y que no todas las personas van a ser las adecuadas para sacar lo mejor de nosotros. Por tanto, la paciencia debe ser la premisa para evitar más equivocaciones. Empezar algo por temor a la soledad implicará riesgos de consecuencias dramáticas para quien lo padece, mucho más dañinas que si de un simple rollo se tratara. El sexo en sí, como placer, es fácil de reemplazar. Basta cambiar de pareja. El amor, sin embargo, deja una huella profunda en el corazón de quien ama y ésa es eterna. El éxito o no de una relación no depende de una de las partes, pero hay que asegurarse que por la nuestra se da todo y lo mejor, y ello empieza por tener las ideas bien claras.

Si se se sabe lo que se quiere, se evitará encadenar relaciones en las que la diferencia entre follamigos o pareja sea tan difusa que será inevitable hacer mucho daño a quien esté junto a nosotros. Las reglas deben ser las mismas para ambos y aceptarlas será determinante para que algo que pueda ser, salga adelante o, si no funciona, se haga el menor daños posible y, al menos, se pueda conservar una amistad o un buen recuerdo.

¿Y tú qué eliges?