Las suspiradas sombras de Christian Grey

Ian Somerhalder protagonizará a Christian Grey en la película que lleva la trilogía al cine.

Tenía que hablar de él. Las provocaciones han sido tan continuas que ya no pienso callar más. Sí, me refiero a él, a Christian Grey, el protagonista de la novela erótica 'Cincuenta sombras de Grey', de la autora británica E. L. James. Resulta sorprendentemente increíble que esté causando tanto furor entre las mujeres adultas. No la novela, sino él. Lo que más me alucina es que este personaje ficticio haya conseguido cuestionar las convicciones morales y pudorosas de una mujeres que hasta la fecha, lo más fetichista que habían hecho era una variante de la postura del misionero. Ahora, tras leer la trilogía, sus mentes se han erotizado y suspiran ardientemente con ser sodomizadas y flageladas por Christian Grey, todo un dandi tremendamente rico, guapo, cariñoso, detalloso y, sobre todo, desequilibrado.


No quiero entrar a valorar la calidad literaria de esta novela erótica, como no analizaría la calidad artística y cinematográfica de una película porno, y más si son de las que puedes ver gratuitamente en YouPorn. Las mujeres leen porno y los hombres lo ven... y luego en la cama... Tampoco voy a entrar en el trasfondo de la historia, en si la sumisión mola o no. En si debe o no de sobrepasar las sábanas. Ya me líe en el blog de Sylvia de Béjar y paso de entrar en un debate sin sentido. Que cada cual haga con su sexualidad y su vida lo que le apetezca, pero que luego no se queje. Ahora bien, lo que carece de toda lógica es que la mayoría de mujeres que han leído esta novela, no entiendan que Christian Grey es un personaje y nada más. Si me apuran, un mero producto comercial para mover a toda una maquinaria editorial y cinematográfica con el único objetivo de hacer caja. Christian Grey no existe, y de existir, no se enamoraría de una remilgada virgencita que acaba de terminar su carrera. ¡Despertad!

Amaia Salamanca y Miguel Ángel Silvestre, 'El Duque' en 'Sin tetas no hay paraíso'
A ver si nos enteramos. Christian Grey es el prototipo de las mujeres maduras, ésas que les pone más el tamaño de la cartera que el de la entrepierna. A las universitarias les gustan más los tipos duros como El Duque de 'Sin tetas no hay paraíso'. Y si son más jóvenes aún, donde se ponga un vampiro o un hombre lobo como Taylor Lautner, que se quiten todas las fantasías erótico-festivas que te puede dar con una fusta  el  Don Juan de Grey. No entiendo como la autora no tuvo en cuenta la imposibilidad de ese idilio entre universitaria y ricachón. Hubiera sido más creíble que la protagonista fuera una mujer madura y, a ser posible, divorciada o atormentada en una relación sin salida, viendo el tipo de gente que lee su novela. Claro, que pedir credibilidad a este relato es como creer que todo lo que se ve en las pelis pornos ocurre de verdad. Hay que ser realistas. Y ahí es donde se haya la gran diferencia entre lo que para unas y otros supone el porno.

Taylor Lautner, en una escena de la película 'Luna nueva'
La gran e importante diferencia entre el porno de los hombres y el porno de las mujeres es que ellos nunca se enamoran de sus protagonistas como sí lo hacen ellas. Sí, así es. Me quedo totalmente perplejo cuando veo a las lectoras hablar entre ellas de Grey; imaginarse situaciones idílicas que jamás le propondrían a un hombre, compararlo con sus parejas, desear encontrarse con él, tratar de ponerle cara y mil y un disparate que lo único que produce es frustración porque no se dan cuenta de que es un personaje ficticio y nada más. Esperen a que salga la película y verán la que se monta con Ian Somerhalder. ¡Uau! Ríanse de la saga 'Crepúsculo' que a tantas adolescentes han marcado, porque esa película va a romper más de un corazón a base de tanto frungir a todo trapo.

A la mayoría de los hombres -habrá excepciones- no se le pasa por la cabeza enamorarse de la actriz porno y mucho menos tenerla como ídolo porque sabemos que es un papel, y por supuesto, jamás la compararíamos con nuestra pareja, a la que preferimos mil veces. Supongo que habrá muchas mujeres que no sean así, pero de verdad, no es la primera vez que me cruzo con alguna que trata de hacer realidad su última novela erótica leída. Y claro, no hace falta entrar en detalles. Menos mal que al final se impone la sensatez y sacian su frustración con otra novela erótica. En fin, ese príncipe que hay que aprender a encontrar sin dejarse impresionar por sombras, que no son nada.

Ya ven, hoy me he buscado que me azoten con una fusta. ¡Adelante! Espero vuestros latigazos en los comentarios.